Talvez parezco una colegiala, o podría ser una bohemia, una sin oficio, éstas cosas suelen hacerse en la primera edad, como alguien optó por llamar a ese tramo de vida entre adolescente y los veinte.
En esa época y la que le siguió mi rutina diaria era: Hacer el desayuno, mandar los niños a la escuela, ir a trabajar, en la tarde recoger los niños de la escuela, hacer cena, poner una que otra lavada, luego ponerla a secar. (Aunque la maquina lavadora fue la independencia de la mujer al lavadero, igual toma tiempo apartar colores, meter la ropa, sacarla y poner a secar, luego sacar de nuevo, doblar y guardar).
En esa tan apretada rutina había que hacer tiempo para citas al medico, al dentista, ir al mercado (mas seguido de lo que hubiera querido). Llamadas telefónicas a los seres queridos, ordenar pasteles, porque en una familia grande hay un cumpleaños cada fin de semana. En fin al caer la noche limpiaba mi casa y estregaba el piso de la cocina a mano y de rodillas. El deber de madre era prácticamente éste, pero y el deber de esposa? Ese era otro rollo que no me atrevo a explicar.
Y como dice el dicho “No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo padezca, entre la escuela y los partidos de béisbol, los hijos fueron madurando como manzanitas en el árbol, como pajaritos que emplumaban, con alas grandes y fuertes para que volaran alto.
Mi mayor escuela fue la vida, equivoqué el orden de mis prioridades, apague las velas antes de mi cumpleaños, fui madre antes de ser mujer. Crecí a la vez con mis hijos, y aprendí con ellos, y fui una madre “A toda Madre”.
Mi predilección son los libros, el tiempo que me quedaba para leer era mínimo pero yo siempre mantenía el recién adquirido en el baño. Yo hacia malabares con el tiempo, fui madre, esposa, estudiante, y trabajadora, todo a la vez. Fui a la universidad por las noches. Disfrutaba mucho el recreo, porque me hacia sentirme soltera.
Estoy viviendo la tercera edad (ente los cuarenta y los sesenta). Para muchas mujeres que no equivocaron el orden de sus prioridades, que estudiaron una carrera antes de casarse, y ser madres, creo que todavía no conocen a sus nietos, ni me atrevo a implicar que lo que yo hice fue lo correcto, ni que dejé de vivir mis mejores años, ni que puse mi vida en suspenso. Yo no nací para ser mártir, yo siempre supe que había una fuerza dentro de mí que me impulsó a hacer cualquier cosa que me propuse, y a hacerla bien. El tiempo fue mi mejor aliado, lo estiraba hasta donde no había para más. En fin, me comía el mundo, días con sal, días con limón.
Después de todo el ajetreo de esos años, lo acepto con la mayor sinceridad, que me siento vieja, pero de aquella vejez que se aparea con la antigüedad, que mientras mantenga su originalidad y naturaleza, cada día aumenta su valor. Solo la vida bien recorrida te puede dar ese sabor de boca al recordar, como si te estuvieras comiendo el más exquisito manjar.
Hoy, mi casa sigue llena de libros, si yo quisiera me leo trescientas paginas de las seis de la mañana a las seis de la tarde, si a mi me da la gana, y no hay nadie que me lo impida. Hoy tengo tiempo para observar la diminuta criatura que lleva en su espalda la hoja con que se alimentará en el invierno, y así como ella, sin prisa, la sigo con la vista hasta que desaparece en su madriguera. Hoy, mi mirada se pierde en el horizonte, y es en ese momento cuando me doy cuenta que aun en el bullicio del diario vivir, puedo encontrar paz en el silencio. Hoy se que no hay mañana, porque todos los días al despertar el alba, mañana vuelve a ser hoy.
Hoy!. Prefiero tener un año lleno de pequeñas satisfacciones que una vida llena de lamentaciones. Talvez parezco una colegiala, o podría ser una bohemia, ja!. Te invito a envejecer.
LaMore.
Friday, May 8, 2009
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